Capitanías hereditarias

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Bahía fue descubierta durante el período en que el comercio con los puertos de la India era muy rentable para Portugal. De esta forma, el Reino no tenía ninguna razón para dedicar mucha atención a su nueva colonia. Sólo después de pasar por una severa crisis financiera y enfrentar incursiones francesas en la costa brasileña es que los portugueses sintieron la necesidad de tomar posesión de la nueva tierra. En acuerdo con sus consejeros, Dom João III decidió dividir la colonia, donándola en forma de capitanías hereditarias. En el territorio de Bahía se donaron cinco: Capitanía de la Bahía de Todos los Santos, a Francisco Pereira Coutinho; Porto Seguro, a Pero de Campos Tourinho; de Ilhéus, a Jorge de Figueiredo Correia; Itaparica, al 1er Conde de Castanheira, Dom Antonio de Athaíde; y del Recôncavo, a Álvaro da Costa.

Con la necesidad de crear un centro político y administrativo capaz de reunir todas las capitanías, se estableció en 1549, el Gobierno General. Así, el 29 de marzo, desembarcó en la Bahía de Todos los Santos el primer gobernador general, el hidalgo portugués Tomé de Sousa. Además de los colonos y subalternos de la corona, Tomé de Sousa conducía a los seis primeros religiosos de la Compañía de Jesús, encabezada por el padre Manoel da Nóbrega. Poco después se creó el primer obispado de la Colonia, ocupado por Dom Pero Fernandes Sardinha.

En 1553, llega, para reemplazar a Tomé de Sousa, Duarte da Costa. Él trajo en su séquito algunos jesuitas más, entre ellos José de Anchieta. Mem de Sá sustituye Duarte da Costa. Su gobierno fue marcado por la armonía con la iglesia, a diferencia de su predecesor. Hasta la invasión holandesa, más de 12 portugueses gobernaron Brasil, con sede en Salvador.

 

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